La Asamblea de Bolívar anuncia con tono beligerante un “intenso control político”, pero cuando se revisa el blanco de esa supuesta artillería, el anuncio pierde fuerza y gana sospecha.
No se trata de una administración en ejercicio ni de decisiones recientes, sino del gobierno de Dumek Turbay, ocho años después de haber concluido su mandato. Un control político tan tardío no es control, es un relato del pasado.
El caso del alcantarillado de El Carmen de Bolívar expone con crudeza esa contradicción.
La obra nació en la administración Turbay, sí, pero se prorrogó y se extendió gran parte del gobierno de Vicente Blel, durante el cual se autorizaron 16 prórrogas adicionales desde mayo de 2020.
Aun así, el discurso político parece empeñado en anclar la responsabilidad en un solo periodo, como si los años siguientes no hubiesen dolientes ni supervisores.
Más grave aún es que la Asamblea sí tuvo alertas tempranas y decidió ignorarlas.
En agosto de 2022, cuando el entonces gerente de Aguas de Bolívar aseguró que las obras tenía un avance del 97%, la mayoría de los diputados optó por el silencio, pese a que la realidad, desmentía esa cifra.
Solo dos diputados manifestaron una preocupación tímida, insuficiente y sin consecuencias. Hoy, esos mismos atrasos se presentan como un “descubrimiento” reciente.
El control político pierde legitimidad cuando se ejerce con memoria selectiva. ¿Dónde estaba la Asamblea cuando se firmaban las prórrogas? ¿Dónde estaba cuando se aprobaban los informes optimistas que no coincidían con el terreno? ¿Dónde, cuando aún había margen para corregir, sancionar o frenar el supuesto desangre de recursos públicos?
El anuncio de citar a funcionarios actuales del gobierno de Yamil Arana para responder por decisiones de hace ocho años termina de confirmar la paradoja: se debate el pasado para no incomodar el presente. Se dispara contra exgobernantes ausentes mientras se evita asumir responsabilidades políticas propias y contemporáneas.
Si la Asamblea de Bolívar quiere ejercer un verdadero control político, deberá empezar por mirarse al espejo. De lo contrario, este nuevo debate no pasará de ser un ejercicio de indignación tardía, útil para el titular, pero estéril para la verdad, la transparencia y, sobre todo, para los ciudadanos de El Carmen de Bolívar, que siguen esperando que la obra funcione un 100 por ciento.

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